Ayer, el diario La Razón publicó una nota que da cuenta de un desarrollo llevado a cabo por un equipo de investigadores de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN): el Promotrón (un nombre bastante feo). El nuevo “invento argentino” es un sistema que:
[...] permite grabar y leer información en diferentes soportes, por ejemplo tarjetas -de cualquier material como papel, plástico o goma, entre otros-, que aseguraría la inviolabilidad de los datos por parte de extraños o estafadores.
En una parte de la nota (se trata de un “suelto” que se publica en la edición impresa pero no es reproducido en la edición digital), Agustín Pérez, técnico electrónico, creador del sistema y director del proyecto, cuenta que:
Antes de llegar a la UTN acudimos a un par de empresas buscando financiamiento pero nos exigían conocer el secreto tecnológico sin asumir compromiso.
Entiendo el celo de Pérez por mantener el “secreto tecnológico”, pero me cuesta imaginar cómo hace un inversor para decidirse a participar de un emprendimiento en el que se desarrolla algo que no sabe cómo funciona (y, tal vez, ni siquiera sabe si funciona).
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